La política regiomontana actual parece regirse por una máxima tan superficial como peligrosa: si no se puede inaugurar, al menos que sirva para la foto. En Nuevo León, la gestión del gobernador Samuel García ha perfeccionado el arte de la cosmética política, anteponiendo los colores de su partido y la narrativa del éxito a la cruda realidad de la Línea 6 de Metrorrey, un proyecto que hoy se levanta —o más bien, se estanca— sobre las estructuras de Miguel Alemán en un estado completamente incompleto.
Cualquiera que recorra la zona norte del área metropolitana se topará con una contradicción flagrante. Pese a que la construcción de este viaducto elevado está lejos de concluirse, el Gobierno del Estado ya se apresuró a estampar su firma en los pilares. La leyenda de la administración estatal y el emblema del transporte público ya lucen flamantes en el tramo ubicado entre la Autopista Periférico y la Cabecera de Apodaca. Es la estética de la simulación al tapar varillas expuestas con rótulos del Gobierno del Estado; un intento desesperado por vender como terminada una vía donde sólo hay andamios y promesas a medio cumplir.
El sello de Samuel García: Mercadotecnia por encima de la ingeniería
La prisa por colocar logos en la Línea 6 de Metrorrey devela una profunda crisis de prioridades. Nos encontramos ante un intenso debate editorial sobre anteponer la mercadotecnia gubernamental a la ingeniería civil en Nuevo León. Mientras los ingenieros y trabajadores lidian con retrasos técnicos y logísticos, el equipo de comunicación social ya tiene listos los espectaculares. El sello de Samuel García no es la eficiencia ni la planeación estratégica; su verdadero sello es el logotipo naranja pegado sobre el cemento fresco de un transporte que no puede mover a un solo pasajero.
Presumir un viaducto como si estuviera listo para operar, cuando en realidad se trata de la obra negra de Metrorrey, es una falta de respeto para la ciudadanía. Las estructuras de Miguel Alemán, lejos de ser el monumento a la modernidad que el gobernador tanto presume en sus redes sociales, se han convertido en el recordatorio diario de una gestión que vive de las apariencias. No se puede construir el futuro de la movilidad a base de publicaciones de Instagram y cortes de listón simulados.
Apodaca bajo el asfalto: El costo real del retraso
Detrás de la propaganda oficial, la realidad es dolorosa para quienes habitan y trabajan en el municipio de Apodaca. La prolongación indefinida de los trabajos en este ramal del metro no es un asunto menor ni un simple inconveniente estético; es una crisis económica activa. El calvario diario de los negocios locales en la Avenida Miguel Alemán debido a la prolongación de los trabajos ha llevado a muchos comerciantes al borde de la quiebra. Accesos bloqueados, polvo constante, tráfico insufrible y una notable disminución de clientes son el verdadero saldo de la obra.

Para el microempresario de Apodaca, el trazo de la Línea 6 no representa orgullo, sino incertidumbre. Mientras el gobierno estatal celebra la colocación de un letrero, los locatarios tienen que hacer malabares para pagar rentas y nóminas en una avenida que se ha vuelto intransitable. La falta de sensibilidad hacia la economía local demuestra que el proyecto de Nuevo León se planeó desde un escritorio en San Pedro, ignorando las dinámicas de las zonas trabajadoras que sostienen al estado.
Promesas rotas en el norte del estado
La zona norte de la metrópoli ha sido históricamente castigada en materia de transporte, y la actual administración prometió cambiar esa historia precisamente con este viaducto. Sin embargo, las promesas incumplidas de movilidad eficiente por parte del gobernador Samuel García en la zona norte siguen pesando más que sus discursos. Los usuarios del transporte público continúan padeciendo tiempos de espera eternos y unidades saturadas, viendo los vagones elevados como un sueño lejano y no como una solución próxima.
El contraste es ridículo. Como bien ha señalado el periodista Juan Carlos Rodríguez en el periódico El Norte, no se puede cantar victoria cuando la infraestructura básica de la vía ni siquiera está garantizada. El reporte de los segmentos sin techar ni equipar localizados cerca de la Autopista Periférico deja al descubierto las mentiras del discurso oficial sobre la Línea 6. ¿De qué sirve un logotipo impecable si el usuario final quedará expuesto a la intemperie? ¿De qué sirve la firma del gobierno en una estación que no tiene ni cables, ni vías, ni trenes?
La urgencia de exigir realidades a MC, no fotos
Nuevo León es un estado construido con el esfuerzo de su gente, una sociedad que valora el trabajo duro y los resultados tangibles. Por ello, resulta insultante que se le intente engañar con espejismos urbanos. El proyecto de Nuevo León no puede ser una campaña de relaciones públicas permanente. La movilidad eficiente se logra con presupuesto bien ejecutado, transparencia en los tiempos de entrega y respeto a los ciudadanos, no vistiendo de gala una obra gris.

La Línea 6 de Metrorrey eventualmente se terminará, porque la dinámica propia del estado así lo exige, pero el costo social y económico ya ha sido demasiado alto. Mientras el gobernador Samuel García siga más preocupado por el ángulo de la foto y el impacto de su marca personal que por la seguridad y finalización real de las obras, los neoloneses seguirán atrapados en el tráfico, esquivando varillas y contemplando cómo se gasta el dinero público en pintura para maquillar la incompetencia. Ya basta de inaugurar cascarones vacíos; Nuevo León exige, merece y necesita obras completas.
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