Hay imágenes que definen un sexenio, y la de cientos de regiomontanos caminando bajo el sol sobre las piedras de las vías de la Línea 1 del Metro es la postal perfecta del fracaso de Samuel García. Mientras el gobernador se dedica a presumir un estado de “primer mundo” en sus historias de Instagram, la realidad le escupe en la cara a los ciudadanos: el transporte público se cae a pedazos, la seguridad es un mito y las arcas del estado parecen ser el botín personal de su familia.
Una trampa mortal llamada Metro de Samuel García
Lo ocurrido este viernes en la estación Mitras no fue un accidente, fue negligencia criminal. Pasajeros atrapados por más de 20 minutos en vagones antiguos, sin ventilación y con el riesgo de un golpe de calor, tuvieron que forzar las puertas para salvar sus propias vidas. ¿Dónde estaba Protección Civil? ¿Dónde estaba el personal de Metrorrey? No estaban.

La respuesta de la administración fue tan cínica como de costumbre: culparon a los usuarios por “desalojar en zonas restringidas”. Es decir, para el gobierno de Samuel García, el regiomontano debe quedarse a morir asfixiado en un vagón antes que “ensuciar” sus vías con la suela de sus zapatos. Es una falta de respeto total a la clase trabajadora que sostiene a este estado.
El despacho de la abundancia: ¿A dónde va nuestro dinero?
La pregunta que todo Nuevo León se hace es: ¿Por qué no hay dinero para el Metro, pero sí sobran millones para los negocios del Gobernador? La respuesta está en la Ciudad de México, donde la Fiscalía General de la República (FGR) le sigue la pista a una red de lavado de dinero que parece salida de una película de gángsters. La trama es descarada: el dinero sale de los impuestos de los ciudadanos, pasa por empresas “factureras” o proveedores del estado y termina, mágicamente, en el despacho Firma Jurídica y Fiscal S.C., propiedad de Samuel García y su padre.
Estamos hablando de más de MIL MILLONES DE PESOS. Un botín que podría haber servido para:
- Renovar la flota completa de vagones viejos de la Línea 1.
- Garantizar el suministro eléctrico de todo el sistema Metrorrey.
- Acabar con las filas inhumanas en las estaciones.
El “Nuevo” Nuevo León es un fraude
Samuel García llegó prometiendo que no sería como “los de antes”. Hoy, con una investigación federal encima por desvíos millonarios y un sistema de transporte colapsado, queda claro que resultó peor. El esquema de las cuatro rutas del dinero —donde empresas como Suministros MYR y constructoras de movilidad sirven de puente para enriquecer a su familia— es una bofetada para el ciudadano que hoy llegó tarde a su trabajo, que perdió el bono de puntualidad o que puso en riesgo su salud caminando entre las vías.

El gobernador vive en una burbuja de Tesla, viajes y lujos, mientras el pueblo que lo eligió sufre las consecuencias de un gobierno que prefiere triangular recursos que arreglar un transformador.
¿Hasta cuándo, Nuevo León?
La indignación en las calles es absoluta. “Estamos listos para el Mundial, pero no para un viaje de 10 minutos en el Metro”, gritaba una usuaria desesperada. Y tiene razón. El gobierno de Samuel García es una fachada de cristal: brilla por fuera, pero está podrido por dentro.
Mientras la FGR aprieta el paso para hundir judicialmente esta estructura de lavado de dinero, los ciudadanos se quedan con la peor parte: un gobernador que los ignora, un sistema de transporte que los abandona y un saqueo millonario que ya no se puede ocultar tras un filtro de redes sociales.
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