El reciente operativo federal contra Nemesio Oseguera Cervantes ha expuesto una red de complicidad oficial que escandaliza a todo México. La captura de El Mencho permitió el hallazgo de registros contables que vinculan a cientos de policías con el CJNG. Este golpe al narcotráfico desnudó cómo la delincuencia organizada infiltró corporaciones de seguridad en estados como Chiapas, Jalisco y Michoacán.
Nemesio Oseguera: La Red De Corrupción En Chiapas
El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar enfrentó una crisis política tras revelarse que el grupo de élite “Pakales” aparecía en la contabilidad del capo. Según los documentos hallados en Tapalpa, esta unidad recibía pagos semanales cercanos a los dos millones de pesos por labores logísticas. Por esta razón, la confianza en las fuerzas estatales se encuentra en su punto más bajo ante la opinión pública.
Actualmente, unos 300 policías chiapanecos enfrentan procesos penales por presuntos nexos con grupos delictivos y abusos de autoridad graves. El fiscal Jorge Luis Llaven Abarca confirmó que integrantes de la fuerza Pakal ya están siendo procesados por extorsión y desaparición forzada. Estos agentes, en lugar de proteger a la ciudadanía, servían como un brazo operativo para el tráfico de armas y drogas.
La situación en el sur del país es crítica debido a la disputa territorial con otros carteles por el control de rutas migratorias. Debido a la infiltración, los operativos federales se filtraban con antelación, permitiendo que los líderes criminales escaparan de la justicia. La limpieza de las corporaciones municipales y estatales en Chiapas apenas comienza tras este hallazgo documental.

El Epicentro De La Complicidad En Jalisco
Jalisco, la base de operaciones del cartel, mostró el nivel más profundo de control territorial y administrativo por parte de la delincuencia. Las autoridades detectaron que directores de policía municipal en el sur del estado trabajaban activamente para proteger el paradero del Mencho. Por este motivo, se realizaron detenciones clave en municipios como Chiquilistlán y Atemajac de Brizuela desde finales del año pasado.
La narconómina detallada incluye sobornos a elementos de más de diez municipios, sumando erogaciones superiores al millón de pesos mensuales. Estos registros contables no solo incluían sueldos, sino también gastos operativos como gasolina, despensas y hasta cortes de cabello para la tropa criminal. La estructura criminal funcionaba con una precisión empresarial que incluso gestionaba el envío de drogas dentro de las prisiones locales.
En el operativo también salieron a la luz nombres de funcionarios de la Fiscalía estatal y algunos miembros del ejército mexicano. Esta red de protección permitía al cartel operar casas de seguridad y mover cargamentos de fentanilo y metanfetaminas con total impunidad. El control de la región Lagunas demuestra que el estado fue cedido, en gran medida, a la administración del crimen organizado.
Nexos Del Crimen Con La Seguridad Pública
Policías de Michoacán Como Informantes De Mencho
En Michoacán, la traición de los uniformados quedó al descubierto durante los bloqueos carreteros posteriores a la captura del líder criminal. El fiscal Carlos Torres Piña relató que policías de Ecuandureo enviaban mensajes de WhatsApp para informar los movimientos de la Guardia Nacional. Estos oficiales, contratados para vigilar, actuaban en realidad como “halcones” al servicio de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.
Como consecuencia de este hallazgo, las fuerzas federales desarmaron a toda la policía municipal de Ecuandureo tras detectar su participación en las amenazas. Resultó que casi la mitad de la corporación era originaria de Jalisco y servía directamente a los intereses del cartel. Este nivel de infiltración obligó a una revisión extraordinaria de los antecedentes de todos los elementos de la región Ciénega.

El Desmantelamiento De La Estructura Del CJNG
La captura del Mencho no solo retiró de las calles al narcotraficante más buscado, sino que desarticuló una red de protección política. En municipios como Jiquilpan, funcionarios de alto nivel, como el secretario del Ayuntamiento, ya habían sido vinculados previamente con amenazas al Ejército. La caída de la cúpula criminal permite ahora que las fiscalías estatales procedan contra los servidores públicos que traicionaron su juramento.
El desafío para el gobierno federal ahora es reconstruir las corporaciones desde cero en las zonas donde el narco dictaba la ley. La contabilidad del cartel servirá como prueba reina en los juicios que se avecinan contra cientos de uniformados y políticos. México enfrenta una oportunidad histórica para limpiar sus instituciones de seguridad, aunque el costo social de esta infiltración ha sido devastador para las comunidades afectadas.
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