La construcción del Tren Maya enfrenta críticas de Greenpeace, que exige al gobierno federal un plan territorial integral para evitar daños a la selva maya. La ONG alerta sobre el avance de la segunda fase del proyecto, que amplía la infraestructura sin un estudio completo, poniendo en riesgo ecosistemas y acuíferos esenciales para la región y la biodiversidad local.
Greenpeace Exige Protección De La Selva
Greenpeace ha solicitado detener cualquier desarrollo inmobiliario impulsado por la Defensa Nacional que pueda afectar la selva maya.
Carlos Samayoa, director de Mexicanos al Grito de Selva, indicó que la expansión del Tren Maya requiere un plan integral que contemple la conservación de flora y fauna.
La organización subraya que, sin un estudio holístico, los daños ambientales por la construcción del Tren Maya se podrían profundizar, afectando los 10 millones de árboles ya removidos y los ecosistemas restantes.

Riesgos De La Segunda Fase Del Proyecto
Aunque el Tren Maya ya opera, la segunda fase busca ampliar la infraestructura para el servicio de carga.
Samayoa advierte que esta etapa se realiza sin una evaluación adecuada de los impactos acumulativos sobre la selva y los recursos hídricos.
La ONG exige que se consideren corredores biológicos y la preservación de especies en peligro, para garantizar la sostenibilidad del proyecto a largo plazo.
Falta De Planificación En Construcción Del Tren Maya
El activista criticó que las decisiones se tomen a “capricho” de la Sedena, sin participación de especialistas ni de las comunidades locales.
Se ha solicitado formalmente al gobierno federal establecer un Plan Regional de Ordenamiento Territorial y Ecológico, que contemple la expansión del tren y la protección ambiental.
Sin un esquema coordinado, la infraestructura podría impactar gravemente la biodiversidad y limitar la resiliencia de los ecosistemas de la región.

Necesidad De Participación Ciudadana Y Especialistas
Greenpeace insiste en que no basta con retirar barreras físicas o concluir obras, sino que se requiere un enfoque integral.
El plan debe incluir análisis de los impactos acumulativos, participación de las comunidades y medidas de preservación para especies amenazadas.
Solo así, aseguran, se podrá equilibrar el desarrollo económico con la protección del medio ambiente y la sustentabilidad regional.











