El gobernador de Nuevo León, Samuel García, protagonizó un momento de tensión durante un embotellamiento en Guadalupe, causado por las propias obras del Metro que su administración impulsa. El incidente, que detuvo temporalmente los trabajos de construcción, se ha convertido en un símbolo de la desconexión entre el mandatario y las dificultades cotidianas que enfrentan miles de ciudadanos debido a la falta de una estrategia efectiva de movilidad.
Atrapado en el tránsito generado por las obras, el gobernador descendió de su camioneta oficial para ordenar personalmente la remoción de barreras viales, reclamando a trabajadores y agentes de tránsito por no liberar el paso. La escena no solo causó sorpresa entre quienes lo acompañaban, sino que también provocó que se suspendieran los trabajos durante más de dos horas, generando aún más retrasos en una obra que ha sido cuestionada por su planeación e impacto vial.
Este episodio no solo muestra la frustración del mandatario ante un problema generado por su propia administración, sino que refleja la desesperación de una ciudadanía que diariamente enfrenta embotellamientos, cancelación de rutas de transporte y largas horas de traslado para llegar a sus trabajos o volver a casa.
Pues resulta que el animal que tenemos de gobernador en #NuevoLeón dará mantenimiento a las avenidas principales del área metropolitana. Atiende el transporte público que sigue siendo un puto asco desde que llegaste, @samuel_garcias ☹️🇲🇽
— Vic THOR (@VicSanPlas) July 8, 2025
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Ciudadanos enfrentan largas jornadas
Mientras el gobernador reacciona con molestia por unos minutos de tráfico, miles de personas en El Carmen, Escobedo y García enfrentan todos los días condiciones mucho más adversas. Vecinos de estas zonas reportan que, con la eliminación de diversas rutas de transporte público, sus tiempos de traslado se han duplicado o incluso triplicado.
Muchos residentes deben levantarse antes de las 4 de la mañana para iniciar un trayecto que, en promedio, les toma hasta tres horas solo de ida. Tal es el caso de trabajadores como Belén Armendáriz, quien vive en la colonia Valle de San Blas, en García, y afirma que ahora necesita hacer múltiples transbordos debido a los ajustes implementados en las rutas.
“Antes tenía una ruta directa, pero ahora debo cambiar dos veces y esperar camiones que muchas veces van tan llenos que ni siquiera se detienen”, comenta Belén, quien regresa a casa después de las 11 de la noche y duerme apenas cuatro horas. La historia se repite entre muchos trabajadores que, además del agotamiento físico, enfrentan consecuencias en su salud y bienestar familiar.
Reducción de rutas complica la movilidad
Los testimonios de ciudadanos afectados por la reorganización del transporte coinciden en que los cambios implementados por el gobierno estatal han dejado a muchos sin alternativas viables para movilizarse. En zonas como El Jaral, en El Carmen, las personas esperan durante más de una hora a que pase alguna unidad disponible.
Dionisio Garduño, quien recientemente se mudó a este municipio, relata que debe estar en la parada a las 5:00 de la mañana para iniciar un recorrido que implica camión, metro y caminata. “Llego apenas a tiempo y regreso cuando ya está oscureciendo. Mis días están absorbidos por los traslados”, cuenta.
Esta situación ha generado una fuerte inconformidad entre quienes dependen del transporte público, ya que sienten que sus necesidades no están siendo consideradas en las decisiones gubernamentales. La falta de una estrategia integral, que contemple tanto el desarrollo de infraestructura como el mantenimiento y cobertura de rutas, ha dejado a miles de familias en una situación de vulnerabilidad.
Samuel García reacciona sólo ante afectaciones personales
La molestia de Samuel García durante el embotellamiento en Guadalupe ha sido interpretada por muchos como un signo de desconexión con la realidad cotidiana de la ciudadanía. Para los trabajadores que diariamente enfrentan retrasos, unidades saturadas y falta de opciones, el reclamo del gobernador parece tardío y superficial.
A diferencia de quienes no tienen otra opción más que aguantar largas filas y rutas incompletas, el mandatario cuenta con escoltas, vehículos oficiales y acceso inmediato a soluciones. Sin embargo, el día que vivió el caos del tráfico, exigió detener las obras, retirar las barreras y acelerar el paso de su comitiva.
Francisco Jiménez, residente de Escobedo, resume el sentir de muchos: “Él se enoja por un rato atrapado en el tráfico, pero nosotros vivimos así todos los días. Ya no tenemos horas libres. Mi único descanso es el viernes, el resto de la semana la paso arriba del camión”. Francisco pasa hasta seis horas diarias en el transporte y señala que en su colonia, la opción de usar auto es inexistente.
Nuevo León vive una crisis de movilidad
El incidente del Samuel García y las quejas constantes de la ciudadanía se insertan en un contexto más amplio de crisis en el sistema de transporte público en Nuevo León. A pesar de los anuncios sobre nuevas líneas del Metro y modernización del sistema, en la práctica los ajustes han implicado recortes, reducción de frecuencias y abandono de rutas clave.
Vecinos de varias zonas señalan que no han sido consultados sobre los cambios, y que sus colonias han quedado aisladas o con muy pocas alternativas de conexión. Además, los retrasos en obras como la Línea 4 y la falta de planificación para mitigar los efectos del tráfico han contribuido a una percepción general de ineficiencia y negligencia.
En este panorama, la molestia de Samuel García por el tráfico se vuelve una anécdota más, pero también un recordatorio del abismo que existe entre el discurso gubernamental y la experiencia real de quienes transitan por Nuevo León.